¿Cómo se pintó la capilla sixtina?

Capilla sixtina
Para poder pintar el techo de la capilla sixtina a principios del siglo XVI, Miguel ángel tuvo que superar bastantes obstáculos desalentadores. El primero proviene directamente de las propiedades físicas del techo de bóveda de cañón, es decir, de una superficie curva. Por si eso fuera poca dificultad, la bóveda de cañón tiene intersecciones de pequeñas bóvedas colocadas sobre las ventanas donde el artista también pintó, siguiendo una forma de media luna.

Por ello, antes de coger el pincel, Miguel Angel tuvo que pensar cómo iba a crear retratos realistas que figuras humanas dándoles la proporción y el movimiento adecuado sin que se vieran afectadas por la superficie irregular. Su capacidad para salvar este obstáculo es testamento de su extraordinaria habilidad artística. Otro gran reto fue cómo subir para pintar el techo, que está a 20 metros del suelo. Afortunadamente los trabajos de conservación que empezaron en los años 80 revelaron el método utilizado por Miguel Ángel; construyó unos andamios complejos formados por un puente en ménsula que abarcaba toda la longitud de la bóveda y se movía sobre railes que estaban en un ángulo de 90° respecto a las paredes.

Así, Miguel Ángel podía mover la plataforma para llegar a todos los rincones del techo. Cubría sólo una cuarta parte del techo cada vez, ya que necesitaba luz natural para poder pintar. Curiosamente los agujero que sujetaban la estructura aún pueden verse. El tercer problema que tuvo que enfrentarse el pintor fue como dibujar las líneas del boceto para todo el techo. Dividió la bóveda en distintos trozos lanzando cuerdas con tiza de un extremo de la capilla a otro (con ayudantes) antes de pegarlas a la escayola preparada. De esta manera estableció una estructura lineal consistente en toda la capilla.

El último gran obstáculo que tuvo que vencer Miguel Ángel fue la magnitud del proyecto, algo que increíblemente, terminó en sólo cuatro años. Pintar el techo es una tarea titánica desde el punto de vista logístico, así que invitó a algunos de sus amigos de Florencia y Roma para que le ayudaran. Los ayudantes no sólo pintaron algunos de los elementos recurrentes como columnas y estatuas, sino que también ayudaron a construir los andamios y a mezclar y preparar la escayola, las pinturas, a preparar los pinceles y a pasar los bocetos a tamaño natural en papel para poder transferirlos a la bóveda. Este último proceso consistió en colocar el papel sobre el techo, pinchar los contornos y echar polvo de tiza negra para generar una línea punteada sobre la escayola.

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